Hagamos un
ejercicio. Si mira a su alrededor ¿ cuántas personas ve viendo videos cortos a
través de su móvil? ¿ Y cuántas ve con auriculares en sus orejas ya sea
paseando o realizando alguna actividad? Una pregunta más ¿ cuántas veía
haciendo eso mismo pongamos hace 5 años?
En mi
opinión es claro que la sociedad avanza hacia un individualismo en el que “el
otro” es cada vez más invisible. Elegimos lo que vemos u oímos. Si es algo
relativo a información es muy probable que sea sesgada en el sentido que en
mayor medida pueda coincidir con nuestro modo de pensar. Nos reafirmara en
nuestras ideas previas y evitará que se puedan dar otras explicaciones a
cualquier hecho social. Cabría decir esto mismo de la música, el arte o los
deportes. Todo se tiende a reducir a nuestro propio universo de referencia.
En las redes
sociales se establece la elección de “los amigos” y se evita a “los
contrarios”. Con lo cuál nos retroalimentamos en el propio discurso sin
capacidad de establecer un diálogo con aquellos que puedan pensar distinto. Por
otro lado si alguna vez alguien se adentra en “otro terreno” puede ser habitual
que lo reciban con insultos y no tanto explicando un razonamiento distinto.
Puede haber más cambio de insultos que cambio de impresiones.
En un mundo
cada vez más interconectado sin embargo avanza el “aislamiento social”. El
sentido de comunidad estaba en mucha mayor medida presente en los medios
rurales, donde los vecinos se hablaban entre ellos y donde se buscaba alcanzar
acuerdos para lograr metas que eran beneficiosas para el pueblo.
En mi
opinión ese “no escuchar al otro” tiene también consecuencias en el plano
político. La esencia de la democracia la encontramos en “parlar” y de ello
deriva el “parlamentarismo”. Pero claro para que pueda haber intercambio de
pareceres es necesario “escuchar al otro”. Asistimos actualmente a que en el
Parlamento no se debaten ideas o proyectos sino más bien es un cruce de
reproches (y a veces de insultos) en el que “el otro” no es más que una diana
donde orientar mis dardos. Tampoco creo que esto sea algo que se de en
exclusiva en España, más bien es la tónica habitual tanto en el resto de Europa
como del mundo. Esto va suponiendo que vayan ganando los personalismos ( Trump,
Milei…) y dejando a un lado las ideologías. En España la referencia es más “el
sanchismo” que el socialismo.
Ese
personalismo que centra en la aceptación o el rechazo en la persona y no tanto
en las ideas puede ser peligroso. Puede llevar a una deriva hacia el
autoritarismo y hoy esto es una tendencia que se extiende a lo largo del mundo.
Hay que tener en cuenta que ese cambio se sustenta en procesos democráticos y
en que esos partidos radicales han ido ganando aceptación social. Esto nos
lleva a la conclusión de que el cambio político tiene sus raíces en un cambio
social.
Nuestra
sociedad esta construyendo demasiados frentes y faltan puentes que comuniquen
orillas distintas. Valores como la tolerancia y el respeto se fomentan en mayor
medida a través de los contactos personales cara a cara.
El
conocimiento o la resolución de nuestras dudas las llevamos a la inteligencia
artificial. Parece que ello tiende a sustituir a la consulta con el profesor o
con algún compañero. Pero claro ello da un gran poder a los que dominan esa
inteligencia artificial. De hecho hay una gran lucha no sólo económica también
militar por ser los que controlan esa inteligencia artificial . Depositamos el
conocimiento en algo ajeno a nosotros mismos y nadie nos asegura que ese saber
pueda estar contaminado por determinados intereses ya sea ideológicos o
económicos. Incluso puede ser que en todo ello haya un proceso primero de ir
acostumbrándonos a su uso y cuando ya sea complicado prescindir de ello, es
cuando pueda haber riesgo de una relativa mayor adulteración de contenidos.
El escuchar
implica también una cierta preocupación por el otro, por conocer tanto su
situación personal como lo que puedan ser sus ideas o formas de pensar. La
sociedad actual tiende a reproducir e informarnos de gente anónima que no
conocemos y tiende a olvidar al vecino o a la gente cercana.
Incluso es
habitual que gente que se sienta alrededor de una mesa prefiera establecer una
comunicación a través de sus respectivos móviles (que puede limitarse a ver
algo) a entablar una conversación con aquellos con los que está compartiendo esa
mesa.
Podríamos
decir que las nuevas tecnologías nos permiten una mejor comunicación con
personas distantes y sin embargo la dificulta con las que tenemos más cerca.
Las cosas no son buenas o malas en sí mismas y depende del uso que hagamos de
ellas. Esta reflexión es una invitación a seguir escuchando al otro con
independencia de que podamos compartir las mismas ideas o gustos.