Mi vida ha estado muy ligada al Tren
de la Robla. En León durante muchos años hemos vivido en la calle Renueva y
siempre ha sido un punto de referencia familiar. Mi bachiller lo estudie en el
colegio Maristas y era algo habitual que
al jugar en el patio el balón se caía a las vías del tren. Había que
bajar a recuperarlo. teníamos incluso una especie de escalera para poder bajar,
estaba al lado de la virgen que adornaba el patio. Luego mis estudios
universitarios los hice en la Universidad de Deusto y fueron bastantes las
veces que hice el trayecto completo Bilbao-León ( o a la inversa). Además tenía
la ventaja de que la estación se encontraba cerca de mi casa.
Con ese
historial de vida, escuchar hablar de la imposibilidad de que el tren llegue
donde ya llegaba antes, me produce una cierta irritación. Cuando uno se gasta
en algo un dinero es para producir mejoras. Aquí se ha derrochado dinero para
estar mucho peor que estábamos antes.
Apelar a la
ecología como justificación me parece bastante aberrante. Claro si se quiere
evitar el trasbordo a un autobús eléctrico lo que se fomenta es que ese viaje
se haga en coche (lo que no es muy ecológico). Especialmente si se va con
equipaje las dificultades aumentan. Recuerdo que en alguna ocasión cuando ya
volvía de vuelta en verano, el equipaje que llevaba en ese tren era importante
y desde luego no hubiera sido posible trasvasarlo a un bus .
Se nos llena
la boca de solidaridad para evitar la despoblación, pero luego hacemos este
tipo de cosas para impedir que nuestros pueblos puedan contar con medios de
transporte. No es que se pidan unos nuevos, lo que se pide es que no les quiten
los que ya tenían. Hay palabras que suenan
huecas (también en campaña electoral).
De ese tren
nos han quitado hasta el nombre. Juan Pedro Aparicio le dedico una de sus obras
“El Transcantábrico”. Recogía todo el encanto de ese viaje en el que había
sorteo de garrapiñadas en base a una baraja de cartas, la comida en
Mataporquera y muchas otras cosas. Bueno pues hoy esa denominación la recoge un
tren de ultralujo que ya no pasa por León y cambia su recorrido. Pasamos de un
tren popular a un tren de lujo y una vez más nos quitan cosas.
Los leoneses
de una cierta edad hemos tenido la oportunidad de asistir al Teatro Emperador.
Sin duda un referente cultural de primer orden para la ciudad de León. Fue
cerrado en el año 2006 y la demanda de los leoneses ha sido recuperarlo . Que
la ciudadanía pueda ir donde ya iba antes y readaptarlo al momento actual. Aquí
parece que se apunta que pueda haber una recuperación, pero la ciudanía después
de tantos desengaños desconfía. Necesita verlo para creerlo.
Un ejemplo
más pasa por el de que hasta la España de las autonomías en los libros se podía
estudiar la Región Leonesa como una de las que componían el mosaico español.
Sin embargo Martin Villa como ministro de Administración Territorial procedente
del franquismo quiso hacer un frente de contención a los nacionalismos vascos y
catalanes. Desde su perspectiva ese dique de contención era la creación de “un
centro fuerte” y de ello nació la autonomía de Castilla y León. Era un juego de
fuerzas centrífugas y centrípetas. Hoy es una evidencia que su proyecto fracaso
por cuanto no se pueden “fabricar” identidades regionales sin base histórica.
Han gastado muchos millones de euros en eso (como reconoce una resolución del
Ayuntamiento de Valladolid ) y es “fábrica ha fracasado”. Recordamos que en
septiembre del 2019 en ese Ayuntamiento se acuerda un texto que dice: “El
Ayuntamiento de Valladolid insta a la Junta de Castilla y León a modificar
algunos aspectos que viene aplicando desde los inicios de la Comunidad y que no
han servido para superar localismos ni provincianismo ni para fabricar sentimiento de pertenencia a la Comunidad…”.
Sirvan estos ejemplos para justificar el título
de este artículo. Los leoneses no piden tanto “nuevos logros” somos más
modestos y se busca que por lo menos no nos quiten algo que ya teníamos. La
decadencia leonesa ha estado basada en decisiones políticas que claramente nos
han perjudicado y esas decisiones no han sido sólo de un determinado color
político o partido. Las han causado partidos que han ocupado posiciones de
gobierno ya sea en la Junta como en el Gobierno Central o incluso en algún caso
también a nivel municipal. Es hora de cambiar y recuperar aquello que nunca
debimos perder.
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