lunes, 8 de junio de 2026

ESCUCHAR AL OTRO.

 

            Hagamos un ejercicio. Si mira a su alrededor ¿ cuántas personas ve viendo videos cortos a través de su móvil? ¿ Y cuántas ve con auriculares en sus orejas ya sea paseando o realizando alguna actividad? Una pregunta más ¿ cuántas veía haciendo eso mismo pongamos hace 5 años?

            En mi opinión es claro que la sociedad avanza hacia un individualismo en el que “el otro” es cada vez más invisible. Elegimos lo que vemos u oímos. Si es algo relativo a información es muy probable que sea sesgada en el sentido que en mayor medida pueda coincidir con nuestro modo de pensar. Nos reafirmara en nuestras ideas previas y evitará que se puedan dar otras explicaciones a cualquier hecho social. Cabría decir esto mismo de la música, el arte o los deportes. Todo se tiende a reducir a nuestro propio universo de referencia.

            En las redes sociales se establece la elección de “los amigos” y se evita a “los contrarios”. Con lo cuál nos retroalimentamos en el propio discurso sin capacidad de establecer un diálogo con aquellos que puedan pensar distinto. Por otro lado si alguna vez alguien se adentra en “otro terreno” puede ser habitual que lo reciban con insultos y no tanto explicando un razonamiento distinto. Puede haber más cambio de insultos que cambio de impresiones.

            En un mundo cada vez más interconectado sin embargo avanza el “aislamiento social”. El sentido de comunidad estaba en mucha mayor medida presente en los medios rurales, donde los vecinos se hablaban entre ellos y donde se buscaba alcanzar acuerdos para lograr metas que eran beneficiosas para el pueblo.

            En mi opinión ese “no escuchar al otro” tiene también consecuencias en el plano político. La esencia de la democracia la encontramos en “parlar” y de ello deriva el “parlamentarismo”. Pero claro para que pueda haber intercambio de pareceres es necesario “escuchar al otro”. Asistimos actualmente a que en el Parlamento no se debaten ideas o proyectos sino más bien es un cruce de reproches (y a veces de insultos) en el que “el otro” no es más que una diana donde orientar mis dardos. Tampoco creo que esto sea algo que se de en exclusiva en España, más bien es la tónica habitual tanto en el resto de Europa como del mundo. Esto va suponiendo que vayan ganando los personalismos ( Trump, Milei…) y dejando a un lado las ideologías. En España la referencia es más “el sanchismo” que el socialismo.

            Ese personalismo que centra en la aceptación o el rechazo en la persona y no tanto en las ideas puede ser peligroso. Puede llevar a una deriva hacia el autoritarismo y hoy esto es una tendencia que se extiende a lo largo del mundo. Hay que tener en cuenta que ese cambio se sustenta en procesos democráticos y en que esos partidos radicales han ido ganando aceptación social. Esto nos lleva a la conclusión de que el cambio político tiene sus raíces en un cambio social.

            Nuestra sociedad esta construyendo demasiados frentes y faltan puentes que comuniquen orillas distintas. Valores como la tolerancia y el respeto se fomentan en mayor medida a través de los contactos personales cara a cara.

            El conocimiento o la resolución de nuestras dudas las llevamos a la inteligencia artificial. Parece que ello tiende a sustituir a la consulta con el profesor o con algún compañero. Pero claro ello da un gran poder a los que dominan esa inteligencia artificial. De hecho hay una gran lucha no sólo económica también militar por ser los que controlan esa inteligencia artificial . Depositamos el conocimiento en algo ajeno a nosotros mismos y nadie nos asegura que ese saber pueda estar contaminado por determinados intereses ya sea ideológicos o económicos. Incluso puede ser que en todo ello haya un proceso primero de ir acostumbrándonos a su uso y cuando ya sea complicado prescindir de ello, es cuando pueda haber riesgo de una relativa mayor adulteración de contenidos.

            El escuchar implica también una cierta preocupación por el otro, por conocer tanto su situación personal como lo que puedan ser sus ideas o formas de pensar. La sociedad actual tiende a reproducir e informarnos de gente anónima que no conocemos y tiende a olvidar al vecino o a la gente cercana.

            Incluso es habitual que gente que se sienta alrededor de una mesa prefiera establecer una comunicación a través de sus respectivos móviles (que puede limitarse a ver algo) a entablar una conversación con aquellos con los que está compartiendo esa mesa.

            Podríamos decir que las nuevas tecnologías nos permiten una mejor comunicación con personas distantes y sin embargo la dificulta con las que tenemos más cerca. Las cosas no son buenas o malas en sí mismas y depende del uso que hagamos de ellas. Esta reflexión es una invitación a seguir escuchando al otro con independencia de que podamos compartir las mismas ideas o gustos.


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