El apartheid
se distinguía por crear zonas y espacios separados en transportes públicos,
baños… en función de la raza. Esta separación además de en Sudáfrica también se
dio en Estados Unidos como se pudo ver en la película Green Book donde se
recogen los hoteles y lugares seguros donde podían ir los negros.
Rosa Parks
fue una mujer negra (y muy valiente) que en Estados Unidos se sentó en los
asientos reservados para los blancos. Rechazó dejar su asiento a un blanco
cuando le pidieron que fuera a los asientos reservados para los negros. Hoy
recibe nuestra admiración y la consideramos una defensora de los derechos
civiles.
Hoy en
algunas txoznas de Euskadi se vuelve a esa teoría de la separación, en este
caso en función de la lengua utilizada. Así reservan espacios marginales para
que se pueda pedir la consumición en la lengua castellana, frente al general para
pedirla en euskera. También ha habido otros casos que se niega atender a
aquellos que iban con la camiseta de la selección española. Al más puro estilo
apartheid. Pero curiosamente aquellos que practican este tipo de actos se dicen
que son ellos los progresistas y “los fachas” los que se acercan a pedir la
consumición en castellano. Dice el refrán que “ningún cagao se huele” pues eso.
No hay que olvidar que “nazi” viene de nacionalsocialista.
En mi
opinión esas actitudes esconden también un fracaso. En función del concepto de
“prioridad nacional” se están gastando muchos millones de euros en lograr una
sociedad que hable euskera, aunque ello pueda detraer recursos hacia servicios
esenciales como la sanidad o la vivienda. En educación se prima que sea en
euskera a lo que pueda ser la calidad educativa y eso supone notas no buenas en
los exámenes Pisa.
Sin embargo
el euskera no llega a imponerse en el territorio de los ámbitos privados a
pesar de todos los esfuerzos que se hacen para lograrlo (como antes lo hacía el
régimen de Franco en sentido contrario). Cambian los objetivos y no tanto los
métodos. Por eso este tipo de iniciativas buscan no tanto promover como obligar
(discriminando) a que las cosas sean como “yo dicto”. También se dictan leyes
que marcan como debe ser los letreros de mi comercio o el idioma en que debe
ser atendido la clientela. Pero aquí tampoco se logran los objetivos previstos.
El carácter politizado de las txoznas por el nacionalismo radical y su
temporalidad favorece esas actuaciones discriminatorias.
Una de las
características que definen a las dictaduras es la de considerar que “la calle
es mía”. El nacionalismo radical práctica absolutamente ese principio. Determinan
por ejemplo que un ertzaina no pueda entrar en el recinto de las fiestas o que puedan colocar fotos de presos de Eta a
modo de reconocimiento a su actividad.
Hay partidos
que promueven este tipo de cosas y otros que prefieren mirar para otro lado. El
“nosotros” también incluye a aquellos
que hacen cosas que no nos gustan. Esa ventanilla del castellano es para
“ellos” (aun cuando puedan tener 14 apellidos vascos).
Es
incomprensible que cuando se dan estas situaciones el actual lehendakari diga
que “el autogobierno nos ha liberado del auge de la extrema derecha”. Vamos que
las actitudes y comportamientos fascistas se dan fuera de Euskadi. Claro eso
viene a indicar una cierta tolerancia hacia esas posiciones que fomentan el
apartheid (aún admitiendo que no sea lo que más le gusta). Es fundamental
entender que el fascismo está instalado en Euskadi y que no hay que buscarlo
fuera del propio territorio vasco.
Es también
muy importante discriminar entre los vascos que promueven este apartheid y los
que lo sufren e incluso lo combaten. El meterlos todos en el mismo saco por un
lado es injusto, por otro favorece a los agresores y perjudica a los agredidos.
Yo mismo cuando he ido por las calles de Bilbao con mi camiseta de la selección
española he recibido muchos más apoyos que críticas. Hay personas violentas
pero también hay muchos más vascos que no lo son y que gustan ver por la calle
unos signos de identidad española (lo que
duele a los nacionalistas).
Cuando se
habla de la selección de Euskalherria hay que entender que los que la promueven
incluyen en ella (sin preguntar a nadie claro) a Navarra o al País Vasco
Francés. Esa filosofía la puede aplicar un club privado como el Athletic pero
sería imposible en organismos oficiales. ¿o alguien piensa que el Estado
Francés iba a permitirlo? Por otra parte habría muchos jugadores que siendo
vascos quisieran seguir jugando con la selección española. Es un caso más de
como la actividad deportiva queda sujeta y supeditada a un proyecto político
que además no tiene un talante excesivamente democrático.
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