Para entendernos vamos a partir definiendo
esos conceptos. Empezamos por el leonesismo, que vendría a identificar a todos
aquellos que defienden que León debe ser una Comunidad Autónoma diferenciada
dentro del conjunto de la España de las Autonomías. No es por tanto una
cuestión de “querencias”, ni tampoco puede atribuir la condición de leonesistas
aquellos que desde su propia percepción dicen “trabajar mucho por León”. A
partir de esa definición común luego pueden darse muchas diferencias ya sea de
contenido ideológico, de demarcación territorial o muchas más.
El
nacionalismo, en sus muchas variantes, tiene como elemento común su aspiración
a que su territorio de referencia se constituya en una nación independiente de
España.
También me
gustaría aclarar que el regionalismo no es una especie de “nacionalismo de
segunda división”. Son conceptos no sólo distintos sino que muchas veces son
hasta opuestos. El regionalismo (en Navarra, en Valencia…) es muchas veces un
“abanderado de España” y una forma de resistencia ante lo que quieren imponer
los nacionalismos ( vasco en Navarra o catalán en Valencia).
Los
leonesistas nos alegramos con el triunfo de España en el mundial de futbol y lo
hacemos por cuanto ganó nuestro equipo. Nos parece vergonzoso que en Barcelona
en lugar de homenajear a los jugadores que ganaron ese mundial se hiciera una
exaltación de la bandera independentista. No aceptamos que se vea como “normal”
la quema de banderas españolas o las agresiones a personas que iban con la
camiseta de la selección española y sin embargo se ponga el grito en el cielo
cuando el que padece esa agresión es de mi grupo. Es como decir “a los otros”
se les puede hacer de todo pero “ a los míos ni los toques”.
Desde el
nacionalismo he ido propuestas como “que los guardias civiles y policías que
están destinados en Euskadi se vayan para Ceuta”. O también “la de que los
emigrantes que han llegado a Ceuta que se repartan en otras zonas de España
pero ninguno venga a Cataluña”. El uno y el otro son claros ejemplos de falta
de solidaridad. Es como decir “los beneficios para mí, las cargas para ti”. En
Euskadi son muchos los guardias civiles y policías nacionales que han dado su
vida por defender las libertades de todos, como para que ahora un responsable
político de primer nivel diga este tipo de cosas. ¿De verdad alguien piensa que
ese tipo de palabras puedan salir de un político leonesista?
No puedo
entender a aquellos que hacen campaña a los que presuntamente son sus
adversarios. Les pongo un ejemplo. Tanto en San Mames como en Anoeta fueron
muchos más los espectadores que aplaudieron a sus jugadores que habían ganado
el mundial que los que los silbaron. Sin embargo he visto en redes que muchas
personas se rasgaban las vestiduras sobre “los silbidos en esos campos”. Es
decir daban protagonismo mayoritario a lo que fue obra de una minoría. Eso es
precisamente lo que perseguían los que silbaban a esos jugadores. Algunos se
han servido de “esos tontos útiles”.
También
estarían dentro de esa categoría los que vinculan “leonesismo” con
“nacionalismo”. Igual les convendría recordar que en alguna de las elecciones
europeas el PNV apoyo al Partido Nacionalista de Castilla y León (PANCAL). Sólo
desde una estrategia puramente de partido (y no de España) se puede entender
que establezcan esa asociación. Buscan con ello que rechazando esa vinculación
ello los lleve a votar a su partido (incluso aquellos que desearían una
autonomía leonesa).
El modelo
leonés de España es algo que se ha podido ver a lo largo de toda su historia.
Por un lado es un modelo que se ha basado en los valores propios de la palabra
frente a otros que imponían la espada. Son ejemplo de ello los Fueros de León o
las Cortes Leonesas de 1.188. Pero también ese culto a la palabra sigue estando
presente en nuestra cultura en forma de los debates de las Cantaderas o las
Cabezadas.
Pero también
ese modelo leonés de España refleja una apuesta por estructurarla desde la
posición de “unidad en la pluralidad” que se plasmaba en el Regnum Imperium
Leonés. Había un emperador (el rey de León) como garante de la unidad y unos
reyes en sus respectivos territorios. Ese modelo buscaba salvaguardar la unidad
pero entendía que la mejor forma de hacerlo es reconocer la pluralidad de
España. Nada que ver con unos nacionalismos que buscan dinamitar esa unidad ,
pero tampoco con aquellos que al modo de Martin Villa creen que la mejor forma
de defender esa unidad es contraponer un centro (que llamó Castilla y León) con
una periferia (vascos y catalanes).
3 gatos y 6
lechugas no suman 9 ¿ verdad? Pues cuando se crea una Comunidad Autónoma desde
la imposición y sumando cosas distintas no sólo no favorece la unidad de España
(que pretendía Martin Villa) sino que actúa en sentido contrario. La libertad
es un buen mecanismo de cohesión.