Uno piensa que realmente la
reivindicación leonesa es la de seguir siendo lo que ha sido siempre. Yo nací
siendo leonés y por ello mismo español. No es algo que surja con la España de
las autonomías. Lo que ocurre es que en ese momento de la historia alguien
decide por su cuenta (y sin contar la ciudadanía) suprimir la regionalidad
leonesa. Es en ese momento cuando surge la rebelión ante lo que considero una
flagrante injusticia que atentaba contra los propios principios democráticos.
Ni soy, ni he sido ni seré nunca castellano, pero no porque tenga nada contra
ellos. Tampoco soy, ni he sido, ni seré nunca murciano o andaluz sin que ello
suponga animadversión respecto a ellos. No entiendo a aquellos que consideran
aceptable que se pueda ir por la calle con las camisetas de las selecciones de
argentina, inglesa o de Euskalherria pero consideran infantil llevar la
camiseta de España por las calles de cualquier ciudad (incluso de España).
Dice
Yuval Noah Harari en Nexos “si un número suficiente de personas está de
acuerdo en que un estado concreto existe, entonces existe”. Podía
cuestionar algo esa afirmación, pero me parece importante que ese autor ligue
la existencia a la voluntad de la ciudadanía en afirmar esa existencia. Lo
aplico al caso leonés. Para seguir existiendo es necesario el reafirmar esa
existencia, en no cansarnos de reivindicarlo ya sea en el plano personal o
social. También en el plano de la educación en el que además de la que nos
llega desde las instituciones está la que conculcamos a nuestros hijos a
nuestros nietos. Si “somos” , “existimos” .
El
mismo autor antes citado nos sigue diciendo: “ al priorizar el orden frente
a la verdad, una red puede acaparar mucho poder , pero usarlo de forma poco
prudente”. También en la Junta de Castilla y León se prioriza el “orden”
frente a “la verdad” , con el objetivo de acaparar poder. Por ello mismo se
financian organismos como la Fundación de Castilla y León con el objetivo de
crear un discurso que vaya acorde con sus intereses y de cobertura a su propia
estructura de poder. La verdad interesa más bien poco, especialmente si
cuestiona ese propio poder.
Creo
necesario favorecer mecanismos de “autodefensa” de esa identidad leonesa. Hay
que ganar en capacidad de organización. Por esos mismo he defendido la
necesidad de crear una Oficina de Defensa de la Identidad Leonesa .
La
imagen social es fundamental para generar recursos. El que la parte leonesa de
Picos de Europa pierda visitantes mientras otras regiones colindantes la ganan,
tiene mucho que ver con esa falta de imagen y esa negación de la existencia. Otro
ejemplo son los muchos dineros que se gastan las marcas internacionales en
promocionarse o la presencia que ganan “nuevos oficios” como los influencers .
En
mi opinión el debate no se ha tendido a situar en si eso que decimos “es o no
es” sino más bien si ante esa situación “se puede hacer algo o no hay nada que
hacer”. Es decir entre si debemos permanecer en el actual marco autonómico aún
a costa de considerar que es injusto (permanecer anclados en la injusticia) o
si bien hay que ser rebeldes ante ella y recuperar los valores de la libertad y
la dignidad.
Este artículo quiere ser
un alegato para decir que SI SOMOS, EXISTIMOS. Es decir mantener la identidad y
la personalidad leonesa también es algo que depende de nosotros mismos.
Defiendo que “lo leonés” es hoy más que nunca una comunidad de sentimientos, y
cuanto más extensa sea, más carta de existencia tendrá la propia condición de
León como Región. Más allá de los valores identitarios, está es una lucha por
la libertad y desde la libertad. Por no admitir la imposición que se hace a la
ciudadanía sin ningún tipo de consulta y en abierta oposición a sus deseos. Es
la defensa de la dignidad de ser lo que somos. En la defensa de todo ello
también nos jugamos nuestro propio futuro económico. No se puede vender lo que
nos existe.
Admito que a todos nos
llega el cansancio de tantos años en la brecha. Sin embargo uno no puede
renunciar a lo que ha sido siempre. León no puede pasar a ser “El reino de los
cementerios” en el que el silencio apaga cualquier reivindicación. El declive
social y económico es bastante evidente y no parece que la continuidad vaya a
propiciar un cambio en esa situación. Como diría David Bueno más que resistir (de forma pasiva) lo que hay que hacer es
“persistir” para seguir existiendo.
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