Decía San Agustín que “errar es humano; perseverar en el
error es diabólico”. En algún artículo anterior he dicho que “los errores no
caducan” y por ello coincido con ese pensamiento de que lo que no cabe es
“perseverar en el error”.
Desde ese
planteamiento lo primero es identificar lo que es un error para así poder
llegar a subsanarlo. En el caso leonés un error especialmente grave fue incluir
la Región Leonesa en la autonomía de Castilla y León.
¿Qué signos
evidencian que fue un error? . Serían muchos pero trataré de centrarme en
aquellos que podemos considerar más relevantes:
1/ La evolución demográfica.
En 1.983 la
provincia de León tenía 526.439 habitantes mientras que en el 2025 tenía
448.030 es decir perdió nada menos que 78. 409 habitantes.
En 1.983 las
tres provincias de la Región Leonesa representaban el 2.94% del total de España
y en el 2025 eran el 1.92%.
Mientras
esto ocurría, el conjunto de las autonomías uniprovinciales aumentaba su peso
sobre el conjunto de la población española (+3.46), incluso si excluimos la
Comunidad de Madrid también de da ese incremento (+0.87).
Si la referencia la establecemos con
las autonomías de 3 provincias como
Aragón o la Comunidad Valenciana también sería negativa esa comparación.
Cuando nos
centramos en la propia Comunidad Autónoma tenemos que la provincia de León
representaba en 1.983 el 20,32% de total de la Comunidad, mientras que en el
2024 era el 18.69% es decir perdía -1.63%. En esas mismas fechas la perdida
para el conjunto de la Región Leonesa era de -3.81%. Adivinen quien gana peso,
Valladolid pasa del 18.82% (por debajo de León entonces) a un 22%.
2/ Los principios democráticos. Los deseos de la ciudadanía.
El proceso
por el que se incluyo a la Región Leonesa en el marco autonómico de Castilla y
León no fue precisamente democrático. A explicarlo y analizarlo dedique mi
libro “El Proceso Autonómico Leonés”. Todos los estudios sociológicos realizados
(incluso los hechos por la propia Junta de Castilla y León) nos dice que antes
y ahora hay una clara mayoría de leoneses que desean que León sea una autonomía
propia.
En ese
contexto hay que enmarcar el gran numero de corporaciones municipales (más de
75) que han apoyado el crear una autonomía leonesa. Por el contrario es
insignificante el número de los que han rechazado esa moción. Los ayuntamientos
que han optado por apoyar una autonomía leonesa representan más de la mitad de
la población del conjunto de la provincia ( y son más del 90% de los que se han
pronunciado).
3./ El error es también respecto al objetivo que se
perseguía al crear la autonomía de Castilla y León. Frenar los nacionalismos
periféricos.
Martin Villa fue el ministro que tuvo
como misión principal configurar la España de las autonomías. Lo hacía alguien
procedente del franquismo y que desde luego no creía en ese marco autonómico.
Desde su reticencia busca establecer un “centro fuerte” que contrarreste a los
nacionalismos periféricos de vascos y catalanes en un juego de fuerzas
centrífugas y centrípetas.
Ese “centro
fuerte” pretendía ser Castilla y León. Estoy convencido de que a Martin Villa
le hubiera gustado que tanto Cantabria como La Rioja se hubieran integrado en
ese marco autonómico. Ambas formaban parte de lo que hasta ese momento era
“Castilla la Vieja” (repasen los libros para comprobarlo). Sin embargo no tuvo
el poder suficiente en ellas para cumplir su objetivo. Sin embargo en la
provincia de León si era el máximo representante de su partido y pudo obligar
al resto a aceptar que se incluyera en el marco de Castilla y León. Cuando UCD
desaparece entonces los representantes de ese partido se ven libres de seguir a
Martin Villa y se rebelan. Por ello, en votación de la Diputación y por 20
votos a 4 deciden apoyar una moción favorable a una autonomía leonesa. El
problema fue que los tribunales no reconocían la facultad de la Diputación para
cambiar ese proceso.
Pero vamos a
ver los resultados en función de ese objetivo. Es claro que en Cataluña las
fuerzas que persiguen la independencia han avanzado respecto el porcentaje que
representaban al inicio del proceso. En las elecciones a Cortes Generales los
partidos nacionalistas en Cataluña y Euskadi alcanzaron en 1.977 un total de 20
escaños, en las últimas elecciones han pasado a ser 24. Por otro lado también
se ha producido un proceso de radicalización en esos partidos. Por ejemplo, no
es lo mismo la Convergencia de Jordi Pujol al Junts de Puigdemont.
En
definitiva podemos decir que también se ha dado un fracaso en los objetivos
sobre los que se fundo la autonomía de Castilla y León.
Creo que en
base a todo ello cabe concluir que ya sea desde la perspectiva económica, como
social o la de “contrapeso” la autonomía de Castilla y León es un error.
Y aquí
termino como empecé este artículo, “perseverar en el error es diabólico” así
que habrá que examinar los mecanismos que nos permitan cambiarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario